sábado, 18 de junio de 2016

UN SERVICIO DE TORTURA PÚBLICA

La Paz, lunes de mañana invernal, no ha terminado de bostezar y beber su primer sorbo de café y ya tiene ante sí calles casi desérticas ausente del tránsito de todo servicio de transporte motorizado. En las aceras los pasos apresurados de niños con uniformes, oficinistas y estudiantes universitarios transeúntes mañaneros. Esquinas con ocupantes cotidianos, el canillita que no termina de acomodar los periódicos y las llaucheras.
Entre los promontorios de basura acumulada del fin de semana, palomas y perros luchan por tomar el bocado matutino, una paloma aletea y sacude la cabeza desesperada por deshacerse de una bolsa de plástico…
Me aproximo a un radiotaxi y le indico la dirección, con voz autoritaria a manera de respuesta, la sentencia: “No hay paso”, sin esperar mayor explicación prefiero buscar otro medio de transporte y mi día ha comenzado…
Más allá de intentar llegar a mi destino, en mi mente busco una respuesta, esta me lleva a otra y otra interrogante, no logro llegar a conclusión alguna, porque donde busco me encuentro con otra interrogante más grande aún y me resisto a la angustia...
Finalmente llegamos, luego de un tour ofrecido por mi conductor, justificando su pericia en el volante porque debe esquivar “puntos de bloqueo”. Debo agradecer el servicio, el paseo, el discurso antiusuarios, el frío de la ventanilla que no cierra con un pago que no se justifica.
Me encuentro entonces con que las clases fueron suspendidas, al igual que los niños cabizbajos que vi salir de los colegios que encontré en mi ruta, al igual que las ensombrecidas siluetas de oficinista, estudiantes, trato de respirar agradecida el aire matutino, tomo el respiro necesario que hace falta para protestar, ejercer mi derecho a denunciar a rechazar, lo que considero es abusivo y violento.
-Esta normalización cotidiana de la violencia de transportistas y servidores públicos incapaces, que me resisto a masticar y deglutir. Identifico entre los primeros a los empresarios privados del volante, que han monopolizado el transporte, y ahora se han convertido en dueños de la circulación en calles y avenidas, lo que constituye la vena de funcionamiento de la ciudad. Y sí a los segundos por su improvisación, falta de oportunidad y mala administración de los recursos económicos en interminables, costosos y mediocres estudios. El orden de ambos factores no importa, ambos igual de irresponsables y dañinos. Y donde estará la fuerza del orden público?
He buscado sin dar con algún dato fidedigno, que nos muestren cuánto daño económico provocan estos “bloqueos”, que no son sólo de calles y avenidas, y perjudican el normal desarrollo de clases universitarias, escolares, el servicio bancario, pone en riesgo la salud, la seguridad, además visiblemente reproduce la cultura de violencia callejera con sendas demostraciones de atropello a transeúntes, conductores privados, que aterrorizados por las piedras, logran sortear los obstáculos. Quién le pone una cifra, un dato al daño psicológico derivado de la protesta de estos empresarios? Hablando de servidores, a alguna instancia pública se le habrá ocurrido estudiar, reflexionar y proponer medidas en un verdadero servicio a la colectividad?
Ser ciudadano moderno viene aparejado a convertirse en esclavos de los servicios, escasamente podemos sobrevivir sin estos “supuestos servicios” y sin los servidores públicos, a quienes financiamos sus sueldos, pagamos sus cómodas sillas de escritorio y financiamos sus infértiles gastos. Habrá que pensar qué hacer en este escenario con tendencia a recrudecer. Que reproduce a la vez se alimenta de ciudadanos dóciles, silenciosos,… anómicos.
La ciudad una vez más ha sido paralizada por las más de 35 mil minibuses y vaya uno a saber cuántos micros y colectivos del año 50 y 70. Dueños de más de la mitad del servicio público paceño. Y ahora soberanos de nuestro libre tránsito, dueños de nuestra libertad de trasladar a nuestros centros de trabajo, estudio o producción. Dueños de la vida de centenares de ancianos que deben trasladarse diariamente a los centros de salud por su fisioterapia o sus dolencias, y porque en épocas invernales, los niños y los ancianos son los más afectados, y hoy porque a los dueños de sus vidas se les ocurrió decir “no circula” deben aguantar sus dolencias.
Y una vez más, estos servidores, cómodamente sentados en sus oficinas de los gobiernos y que esperan sus salarios por un trabajo inexistente, como todos los días se han estornudado en la gente, no porque tengan una afección respiratoria, sino por su insensibilidad, falta de compromiso con la gente y por su enorme incapacidad. Porque este problema no es reciente y con el crecimiento de las ciudades la incesante y desmejorada situación del ciudadano dependiente.
La ciudades, principalmente las más urbanizadas obviamente tienen clara tendencia a colapsar por el transporte y agudiza su situación por las politizadas e infructuosas soluciones. Por lo tanto la salida cómoda, no reside en el control el pasaje, mejora de asientos, poner un guardia en cada minibús o que el conductor tome una ducha o se cambie de calcetines diariamente. Por la magnitud del problema al que ha alcanzado, estas medidas a estas alturas son de maquillaje.
Por datos disponibles del GAMLP el incremento de minibuses entre el 2000 y el 2010 ha sido del 137%. Podría asegurar que en su mayoría favorecidos por el libre ingreso de motorizados descartados en otros países y cuya basura nos llega para adaptarse como servicio de tortura pública, llamado transporte. Este monopolio controlado por empresarios privados, está controlando dañinamente la ciudad minando la economía, nuestra educación, la necesaria sostenibilidad productiva, la salud y el medio ambiente y éstos son los puntos estratégicos de los que se debe partir para cualquier solución.

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