domingo, 18 de diciembre de 2016

EL ROSTRO INFANTIL DE LA POBREZA EN BOLIVIA



Bolivia continúa siendo el país Latinoamericano con mayor pobreza.  Y dentro de este escenario, según datos del 2016, proporcionados por el BID la pobreza infantil triplica a las de los adultos en la región.  Los indicadores de extrema pobreza de las zonas rurales, no contrastan con el de las áreas urbanas.
Según el último Censo de 2012, más del 44% de la población corresponde a grupos etarios de 0 a 14 años, vale decir niños y adolescentes.  Y de acuerdo a datos de la organización Humanum, 6 de cada 10 niños se hallan en situación de pobreza.
Según Humanum sobre la vulnerabilidad de la población de niños adolescentes de Bolivia, los efectos de  la pobreza que afecta su calidad de vida, el acceso al agua potable, a la educación, la falta de políticas que garanticen el cumplimiento de los lineamientos establecidos en la Constitución y el nuevo Código sobre la niñez”.   
Estos indicadores, deberían ser la base para que el gobierno diseñe políticas, que garanticen mejoras en la calidad de vida de los niños y adolescentes del país.  Esto significa, atacar las razones reales, por las que las niñas y niños siguen siendo los más pobres, es lo que podríamos llamar una gestión eficiente de los recursos y la medida de la eficacia de la atención del gobierno en orden prioritario de las necesidades de la población.
Medidas como la instalación de oficinas de atención con profesionales sin especialidad, con baja paga e insuficiente infraestructura para atender a las “víctimas”, así como la instalación de números gratuitos para llamadas de auxilio, contrariamente a contribuir en la eliminación de la violencia contra los niños y adolescentes, la incrementan, porque ensayan con las víctimas, porque las revisctimizan, porque así refuerzan el círculo de violencia.
Las oficinas de atención a víctimas de violencia, números gratuitos para llamadas de auxilio, deben entenderse como actividades complementarias a procesos e intervenciones estructurales de eliminación de la pobreza de niños y adolescentes de nuestro país.  Sin embargo, todos aplauden estas pálidas señales reforzando la mediocridad del gobierno y de las organizaciones, ocupadas en el activismo por el protagonismo.
La vulneración de los derechos de la niñez en Bolivia, entonces tiene sus raíces en la desatención, la omisión del gobierno central, la falta de coordinación e implementación de políticas para hacer prevalecer los derechos de los niños, como su acceso a la salud y de la educación de calidad, el derecho a ambientes saludables para su desarrollo, con servicios básicos y  espacio suficiente para que pueda desarrollarse emocional, social y afectivamente.  Garantizar el acceso a agua potable y alimentos saludables que contribuyan en su desarrollo integral.
Los niños y los adolescentes no son vulnerables por su condición, sino porque viven en sociedades injustas (inequitativas), donde se les obliga a aportar económicamente en los ingresos familiares, por la falta de empleo de los padres.
Se suma a este panorama la precariedad de los ingresos generados por madres solteras, familias jefaturizadas por padres con bajos niveles de escolaridad, desigualdad del salario entre hombres y mujeres, el desempleo y el subempleo.
La corrupta administración de la justicia, no es ajena a este contexto, descuidando su función de garantizar una aplicación oportuna de las leyes laborales y la omisión de la propia cartera de gobierno, cabeza de sector como es el Ministerio de Trabajo.
A esto, se añade el escaso e impreciso apoyo al emprendedurismo  y acceso a créditos para iniciativas productivas de las mujeres, principalmente de quienes son cabeza de familia.
Los factores señalados, al final se convierten en las condiciones más adversas para garantizar la seguridad de las niñas, niños y adolescentes.  Conformando una cadena de situaciones que derivan en violencia física y psicológica, violaciones, infanticidios y otros actos criminales cuyas víctimas son las niñas niños y adolescentes.

El deterioro incesante de los valores humanos, de quienes deberían conformar el círculo de protección de las niñas, niños y adolescentes, apunta al pisoteo de los derechos humanos. Principalmente por gobiernos que olvidan su verdadera función de promover sociedades sanas, libres de violencia, con educación, con servicios básicos, con salarios justos, y administración efectiva de las leyes.  Esta sociedad del sálvese quien pueda, obviamente pone en desventaja a los más débiles, esta vez a los niños.

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